Quizá se trate de una cuestión de naturaleza, o quizá no, pero las tierras africanas siempre han sido cuna de grandísimos atletas de fondo y medio fondo; Paul Tergat, Hicham El Guerrouj, Haile Gebrselassie, Kenenisa Bekele o Abebe Bikila son ejemplos de ello. Pero sin duda uno de los mejores de siempre, o al menos uno de los más carismáticos, ha sido el marroquí Saïd Aouita.
Dominador del medio fondo durante los años 80, fue el primer atleta en bajar de los 13 minutos en los 5.000 metros, prueba en la que mantuvo el récord olímpico durante 24 años. Pero no sólo se dedicó a esa categoría; Aouita era tan completo que se permitió el lujo de cubrir todas las distancias desde los 800 hasta los 5.000, no sin éxito: diversos records y 4 medallas le atestiguan. No en vano, fue elegido mejor deportista del siglo XX en Marruecos.
Brilla en Los Ángeles 84′
Saïd Aouita nació el 2 de noviembre de 1959 en Kenitra. A pesar de sus ilusiones de convertirse en futbolista, en 1978 empieza a dedicarse al cross. En 1980, gracias a una beca de estudio, se traslada a París, y de ahí, dos años después, llega a Siena para entrenarse en Italia, momento en el que decide pasar a las pistas de atletismo, comenzando a conseguir los primeros resultados de importancia.
Su primera gran competición fue el Campeonato del Mundo de Helsinki en 1983, donde logró la medalla de bronce en los 1.500 m, sólo por detrás del británico Steve Cram y del estadounidense Steve Scott. Nos encontramos en el periodo de los espectaculares duelos con sus principales adversarios, los ingleses Sebastian Coe, Steve Ovett y Steve Cram.
El año siguiente llegan los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, donde Aouita decide participar en los 5.000 m. La carrera se disputaba un 11 de agosto de 1984, fecha histórica para Marruecos. Gracias a la ayuda del portugués Antonio Leitao, el ritmo de carrera fue altísimo, lo que sin duda beneficiaba a Aouita. Ya en la última vuelta se colocó en cabeza, para terminar logrando la victoria y batir el récord olímpico con 13.05.59, que mantuvo hasta los pasados Juegos de Pekín, cuando Kenenisa Bekele se lo arrebató.
“El mejor atleta del mundo”
En 1985 se consagraba como el gran dominador del medio fondo, tras batir los récords del mundo tanto en 1.500 m como en 5.000 m. En julio, en Niza, se produjo una de las carreras más espectaculares de 1.500 que se recuerdan; tras un final épico, Steve Cram se llevó la victoria por cuatro centésimas sobre el marroquí, y se convertía en el primer atleta que bajaba de los 3:30. Los dos atletas, obviamente, habían superado el record, en poder de Steve Ovett desde 1983.
Pero eso no fue suficiente para Aouita, que poco después, en Berlín, lograba el récord de la disciplina, tras parar el crono en 3.29.46, y eso pese a que se trató de una carrera muy lenta, con lo que tuvo que hacer unos metros finales como nadie lo ha hecho nunca. El registro se mantuvo como el mejor hasta 1992.
Antes, también en julio, ahora en Oslo, Aouita había batido el récord mundial de los 5.000 m, con un tiempo de 13.00.40, sólo una centésima menos que tiempo del británico David Moorcroft, récord anterior.
Entre 1986 y 1987 continúa el dominio del marroquí, que vence en todas las carreras disputadas, excepto una de 3.000 m obstáculos, que no era para nada su especialidad, en los Juegos Mediterráneos del 87. Ese mismo año la pista del Stadio Olimpico di Roma ve brillar otra vez a Aouita: en los Campeonatos del Mundo ahí disputados, el atleta se lleva la medalla de oro en los 5.000, convirtiéndose además en el primer hombre que lograba bajar de los 13 minutos. No pudo más que autoproclamarse “el corredor más grande del mundo”.
El batacazo de Seúl
En 1988, en los Juegos Olímpicos de Seul, Aouita vivió una de las derrotas más dolorosas. Al ver que ya no había nada que le motivase en los 5.000 m, donde llevaba casi diez años sin perder, decidió participar sólo en las pruebas de 800 m y 1.500 m.
La final de los 800, a la que accedió sin ningún problema, se desarrolló a un ritmo demasiado alto; pese a ello, el marroquí aguantó en las posiciones de cabeza hasta el final, cuando el keniata Paul Ereng arrancó desde atrás y, después de entrar en la recta de meta en cuarta posición, remontó de forma espectacular para llevarse el oro. Aouita finalmente sólo fue bronce.
Para colmo, el tremendo esfuerzo realizado durante toda la carrera hizo que se agravara una lesión que ya arrastraba de hacía tiempo, lo que le impidió participar en las semifinales de 1.500 m.
1989 fue su último gran año; después de proclamarse campeón mundial de los 3.000 m en pista cubierta, en verano batió su último récord mundial, en esa misma disciplina, tras parar el crono en 7.29.45. Sin embargo, esa misma temporada sufrió su primera derrota oficial en los 5.000 m desde 1979, en la reunión atlética de Sevilla.
Una lesión muscular lo mantuvo alejado de las pistas en 1990, demasiado tiempo en una edad en la que la inactividad ya no perdona. Trató de regresar al año siguiente, pero Aouita ya nunca pudo recuperar su nivel, y en los Mundiales de Tokio sólo pudo terminar 11º en la prueba de 1.500 m, en un medio fondo ya claramente dominado por los atletas keniatas, como Kirochi, Ondieki o Moses Tanui, y el argelino Nourredin Morceli, vencedor de aquella carrera.
El 92 no fue demasiado mejor y, pese a su victoria en los 3.000 m indoor de Atenas, acabó renunciando a los Juegos Olímpicos de Barcelona debido a los continuos problemas físicos que arrastraba, que le acabaron obligando a la retirada. Trató de volver en el 93 y en el 95, pero no tuvo éxito, con lo que pasó a dedicarse al entrenamiento, siendo el seleccionar de atletismo de Marruecos y de Australia, así como a los comentarios para la televisión, en Al Jazeera Sports.
Recordado por sus increíbles metros finales, que le llevaron a remontadas épicas que quedarán en la memoria del atletismo, Saïd Aouita ha sido el único ser humano que ha bajado simultáneamente de 1:44 en 800 metros, 3:30 en 1.500 metros y 13:00 en 5.000 metros. Por algo el tren rápido que va de Casablanca y Rabat se llama L’Aouita, y es que entre 1983 y 1990 ganó 115 de las 119 carreras que disputó, que se dice pronto. Un verdadero prodigio del atletismo, no cabe duda.



















