Es conveniente comenzar diciendo que el acontecimiento en el que nos centraremos aquí sobre Johnson, el mejor base de la historia, no es exactamente el momento en el que apareció por primera vez el apelativo de Magic. Sin embargo, sí que es cierto que fue ese día, ese momento, en el que el calificativo adquirió su valor absoluto. El partido en el que el rookie se convirtió en maestro.
Número 1 del Draft
Earvin Effay Johnson, nacido el 14 de agosto de 1959 en Lansing (Michigan), comenzó jugando en el Everett High School, donde a los 15 años logró ya un triple doble con 36 puntos, 16 rebotes y 16 asistencias; esa fue precisamente la primera ocasión en la que apareció, de la mano del periodista deportivo Fred Stabley Jr, el término Magic. Ya nunca le abandonaría.
Ese año lograron el campeonato estatal, lo mismo que la temporada siguiente, con una media para el entonces pívot de 28,8 puntos y 16,8 rebotes por partido. De ahí pasó a la Universidad de Michigan, donde pronto se convertiría en la estrella del equipo, llegando a obtener el título de conferencia tras muchos años de sequía. Al año siguiente alcanzaron la final de la NCAA, en la que se iban a enfrentar a la Universidad de Indiana, equipo en el que jugaba el que se iba a convertir en su eterno rival y sin embargo amigo Larry Bird. La victoria fue para los de Michigan, y Johnson fue elegido mejor jugador del torneo. No sería la última vez.
Llegaba el Draft de 1979, y Magic era elegido como número 1 por los Lakers, quienes se habían hecho con esa posición tras intercambiarla con los New Orleáns Jazz por Gail Goodrich. Seguro que la franquicia hoy de Utah sigue a día de hoy estirándose de los pelos; gran movimiento, en cambio, de los angelinos.
Los Lakers se encontraban en una temporada de cambio, con entrenador nuevo incluido, aunque claro, cualquier cambio es mucho más sencillo si en sus filas se encuentra Kareem Abdul Jabbar, uno de los más grandes de la historia. Magic, que al principio era más conocido por su enorme sonrisa que por su juego, tardó poco en demostrar que era un genio.
En su primera temporada, Johnson promedió 18 puntos, 7,7 rebotes y 7,3 asistencias, lo que le valió para ser incluido en el quinteto ideal de rookies, así como para ser titular en el All-Star. El rookie del año, sin embargo, fue para Larry Bird.
Tranquilos, yo haré de Kareem
Pero su momento estelar llegó en el último encuentro de todos, en la final de la NBA. Llegaban los Lakers con un balance de 60-22 y, tras arrollar a Phoenix y Seattle en las semis y final de conferencia, debían enfrentarse a los Sixers. Éstos, por su parte, habían eliminado en la final a los Celtics, favoritos al título, de la mano del genuino Julius Erving.
Toda la prensa y la afición centraron la final en un duelo entre Kareem Abdul Jabbar, el hombre de los seis MVP NBA, y Dr. J (por cierto, el verdadero ídolo de Johnson, y no Kareem como se ha dicho en muchas ocasiones). Los encuentros resultaron muy igualados, como se esperaba, y se llegaba al quinto enfrentamiento con 2-2. La victoria fue para los Lakers, pero pagaron un precio demasiado elevado por ello: en los minutos finales Abdul Jabbar se lesionó. No podría volver a jugar más.
Y aquí es cuando entró en acción Magic. Cuando el avión del equipo se desplazaba hacia Philadelphia, los jugadores angelinos se mostraban cabizbajos. El sitio en el que se sentaba siempre Kareem estaba vacío. Faltaba la estrella. Sin él, no se podía ganar. Johnson, el rookie de la sonrisa enorme, se levantó sin ningún pudor, y se sentó al lado de su entrenador. “¿Puedo comenzar el partido jugando de pívot?”, le preguntó, obteniendo una carcajada por respuesta. “Míster, se lo estoy diciendo en serio”. Y le tuvo que hacer caso.
Llegó el encuentro en el Spectrum de Philadelphia, y Magic comenzó de cinco, ocupando el lugar de Kareem. Sorprendió a todo el mundo; un rookie que jugaba de base iba a disputar el partido más importante como pívot y con el rol de anotador. Sorprendió a todos, menos a sí mismo. “Sabía que iba a hacer un montón de puntos”.
42 puntos, 15 rebotes y 7 asistencias, sus números al finalizar el encuentro. Se dice pronto. Johnson llevó a cabo el partido perfecto. Como pívot firmó una actuación que el mismísimo Abdul Jabbar hubiera firmado; en los últimos minutos, se permitió el lujo de jugar de base, su posición natural, para mantener la renta que se había logrado. “Ojalá Johnson se hubiera quedado un año más en la Universidad, tendríamos otro anillo” dijo Billi Cunningham, jugador de los Sixers. El anillo, pero, fue para los Lakers, y Magic fue declarado el MVP de la final. Su actuación no era para menos.
Fue en ese momento, en esa final ante los Sixers, cuando Earvin Johnson empezó a marcar diferencias con el resto de jugadores de la NBA; fue ahí cuando, de verdad, había nacido Magic.
Carrera dorada, retirada dolorosa
El resto de la historia ya la conocen. Cuatro veces más se proclamó campeón de la NBA, tres MVP de la temporada, tres MVP de las finales, espectaculares duelos ante Larry Bird y ante los Bad Boys, y una retirada impropia para un jugador de su talla tras declarar que era portador del VIH, en 1991, en una rueda de prensa que pasará a la historia. (Por cierto, nada que ver con alguna prostituta de Barcelona, como se ha dicho en muchas ocasiones; pero bueno, ese es otro tema).
Al final, dicha noticia provocó que los más grandes de la NBA se mostraran partidarios de acudir a los Juegos Olímpicos de Barcelona, un poco como homenaje a ese gran tipo que era Magic, y el genial base, alero y pívot de Michigan se retiró con una medalla de oro.
Sus números finales lo dicen todo. Una media durante toda su carrera de más de 19 puntos, 10 asistencias y 6 rebotes por partido, a pesar de que sufrió la prematura retirada, con 32 años, y justo cuando estaba iniciando una nueva rivalidad histórica, esta vez ante Jordan. Quién sabe qué hubiera ocurrido de poder afrontar ese duelo.
Y es que son muchos, y entre ellos se incluye quien firma este artículo, quienes piensan que Magic ha sido el jugador más grande de la historia de la NBA. “Él está una cabeza por delante de todos los demás. Nunca he visto a nadie tan bueno”. Palabra de Larry Bird. Nada más y nada menos.




















Septiembre 10th, 2009 at 1:09 pm
Bird también dijo de Jordan en 1986 “Esta noche he visto a Dios disfrazado de jugador de baloncesto” donde anotó más de 60 puntos. Jordan para mí el más grande.
Septiembre 10th, 2009 at 1:41 pm
¡Ese Tolo!! ¡Os han meneado!
Septiembre 10th, 2009 at 2:30 pm
Grandísimo artículo de obligada lectura.
Eso sí, me ha dejado bastante mal sabor de boca el hecho de que le pongas un título que llame mucho la atención para desmentir el propio título en el primer párrafo del artículo. Le da un aire de amarillismo que no necesita el texto.
No obstante, me ha encantado leerlo.
Saludos.
Septiembre 10th, 2009 at 2:50 pm
Gran artículo. Yo también soy de los que piensa que Magic ha sido el más grande…